
Desde tiempos antiguos, la música ha sido considerada una herramienta poderosa. Platón ya afirmaba que la música es un arma potente, y en la antigua Grecia, su importancia era comparable a la de las matemáticas. La música no solo era valorada por su perfección matemática, sino que también cumplía múltiples funciones sociales: se usaba para la diversión, para alentar a los soldados en la guerra, en la práctica deportiva y como una forma de sanación (similar a lo que hoy conocemos como musicoterapia), entre otras aplicaciones.
En la actualidad, sin embargo, la educación musical ha perdido fuerza en los centros escolares. Es crucial reconocer lo que la música puede aportar al aprendizaje infantil y a la vida en general.
La Música y el Cerebro

El cerebro humano está dividido en dos hemisferios, el derecho y el izquierdo, que se encargan de diferentes funciones. El hemisferio izquierdo maneja procesos relacionados con la aritmética, la lógica, el lenguaje, la planificación y la toma de decisiones. Por otro lado, el hemisferio derecho se ocupa de la geometría, las señales visuales, el razonamiento espacial y, en especial, las habilidades artísticas y musicales.

Howard Gardner, a principios de los años ochenta, introdujo el concepto de inteligencias múltiples, sugiriendo que cada persona posee diferentes tipos de inteligencias que se desarrollan de manera diversa según el contexto. La música, al involucrar ambos hemisferios del cerebro, fomenta conexiones neuronales más amplias, lo que a su vez facilita el desarrollo de otras áreas como el lenguaje, la memoria, el movimiento y la creatividad.
Beneficios de la Educación Musical

La música participa en múltiples procesos cerebrales, lo que la convierte en una herramienta valiosa para el aprendizaje. Los niños, al recibir educación musical desde una edad temprana, pueden desarrollar diversas áreas, tales como:
Área fisiológica: El cuerpo reacciona ante la música.
Área social: Fomenta las relaciones sociales y el sentido de grupo.
Área emocional: Provoca emociones y sensaciones, además de evocar recuerdos.
Área cognitiva: Mejora la atención, la concentración, la imaginación y el desarrollo creativo.
Área espiritual: Facilita la meditación y la reflexión.
Procesos Involucrados en la Ejecución Musical

Tocar un instrumento musical implica la activación de varios procesos simultáneamente: la lectura de partituras, la coordinación motora de los dedos, la identificación y análisis de tonos y armonías, la expresión de emociones y la memorización de pasajes melódicos y rítmicos. Además, si se acompaña de movimiento, se desarrollan la inteligencia espacial y corporal, lo que se relaciona con el baile, el juego, la coordinación, la diversión, la mejora del estado físico y un estado de ánimo positivo.

Importancia de la Práctica Continua
Una publicación del 2018 en la revista «La Psicología de la Música» concluye que los beneficios de la música se van perdiendo si no se mantiene una práctica activa a lo largo de la vida. Por ello, es esencial comenzar la educación musical desde temprana edad y mantenerla como una filosofía de vida.
Para explorar más sobre la relación entre la música y el cerebro, recomiendo ver el video «Sting y el cerebro» disponible en YouTube.
Bibliografía
Gardner, H. (2001). Estructura de la mente: la teoría de las inteligencias múltiples (Sexta edición en español). (Obra original publicada 1983)
Jauset, J. (2021). El impacto del aprendizaje musical en el cerebro. Cuadernos: Mente & Cerebro, No 29, 30-37.
Levitin, D. J. (2008). Tu cerebro y la música: El estudio científico de una obsesión humana (Primera edición en español). (Obra original publicada 2006)
Martí, J. (2014). Cómo potenciar la inteligencia de los niños con la música (Primera Edición). Robinbook.
Descárgalo en PDF
Deja un comentario